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This article was published by Costa Rica's La Nación on December 22, 2002.

Media Features > Seguridad global
Iraq y la “conexión petrolera”
 

By Michael Renner | Sunday, December 22, 2002
 

Hay suficientes indicios de que los depósitos petroleros alrededor del mundo están camino al agotamiento y de que se avanza en el desarrollo de fuentes alternas de energía. Y, sin embargo, la política energética del presidente de Estados Unidos, George Bush, sigue aferrada al consumo de petróleo.


Este deseo de sostener una economía basada en el petróleo puede suministrar ideas sobre las razones ocultas de la atención actual de Washington en Iraq.

La guerra contra el terrorismo

En el nombre de la “guerra contra el terrorismo”, Estados Unidos ha establecido muchas bases militares. Tienen en común la proximidad a las principales instalaciones para la producción de petróleo.

El énfasis de la administración Bush sobre el petróleo convierte a la política exterior estadounidense en rehén de una fuente de energía que es la equivocada.

Los asuntos reales involucrados en este esfuerzo sobrepasan en mucho el alegato simplista de que la administración Bush trata de hacer el mundo más seguro para las compañías petroleras.

No es que la ocupación exitosa de Iraq no vaya a crear un mejor ambiente comercial para ellas. Después de años de sanciones, la industria petrolera iraquí es una mera sombra de lo que solía ser.

Rusas, francesas y chinas

Mientras que firmas rusas, francesas y chinas se han posicionado muy bien para beneficiarse del petróleo iraquí una vez que las sanciones finalicen, son las compañías de EE. UU. las que tienen posibilidad de obtener las mayores ganancias con un cambio de régimen en Bagdad.

Rehabilitar esas instalaciones iraquíes sería un trabajo lucrativo para la industria de los servicios petroleros, incluyendo a Halliburton, la antigua empresa del vicepresidente Cheney.

Saudíes controlados

Pero los diseñadores de las políticas estadounidenses tienen pescados más grandes que freír aún. Una invasión exitosa de Iraq podría dar a Washington gran poder de apalancamiento en el mercado petrolero mundial. De manera fatal debilitaría a la OPEP y limitaría la influencia de otros proveedores, tales como Rusia, México y Venezuela.

En el nombre de la “guerra contra el terrorismo”, Estados Unidos ha establecido muchas bases militares.

Controlar el petróleo iraquí permitiría –entre otras cosas– que Estados Unidos reduzca la influencia de Arabia Saudí sobre la política petrolera.

Esa es la razón por la que tanto en el Oriente Medio como en otras regiones, el poder asegurarse el acceso al petróleo camina parejo, cada vez más, con una presencia militar estadounidense que se expande rápidamente.

¿Política de seguridad?

Desde Pakistán hasta el Asia Central y el Cáucaso, desde el Mediterráneo Oriental hasta el Cuerno de África, ha surgido una densa red de instalaciones militares de EE. UU.

Rehabilitar esas instalaciones iraquíes sería un trabajo lucrativo para la industria de los servicios petroleros, incluyendo a Halliburton, la antigua empresa del vicepresidente Cheney.

Se han establecido muchas bases en nombre de la guerra contra el terrorismo. Pero lo que en realidad tienen en común es su proximidad a las principales instalaciones de producción petrolera o a oleoductos de importancia estratégica.

En Colombia, mientras tanto, el escenario está montado para que Estados Unidos se involucre de manera aún más profunda en la guerra civil de ese país. La administración Bush ha decidido suministrar capacitación y equipo a las tropas colombianas.

¿Drogas o petróleo?

No es, como uno podría pensar, solamente debido a las exportaciones de drogas a Estados Unidos. En realidad, estas tropas que tienen apoyo de Washington también están protegiendo un oleoducto de exportación contra los frecuentes ataques dinamiteros de las fuerzas rebeldes.

Esa, entonces, es también la forma en que la política de la administración Bush en Iraq calza en el esquema mayor de la política exterior.

Claro, hay preocupaciones legítimas acerca de la capacidad armamentista de Husein y acerca de las drogas producidas en Colombia, pero en cada caso hay más mar de fondo de lo que la administración Bush deja entrever.

Dependencia

Y no es solo Sadam Husein. En un sentido más amplio, la política estadounidense apunta a reforzar la dependencia de la economía mundial en el petróleo, y en un sistema de energía cuyo garante es Estados Unidos.

Las tropas que tienen apoyo de Washington también están protegiendo un oleoducto de exportación contra los frecuentes ataques dinamiteros de las fuerzas rebeldes.

Por supuesto, la disponibilidad de petróleo barato mina los esfuerzos por desarrollar fuentes de energía renovables, para aumentar la eficiencia energética y controlar las emisiones de gases que causan el efecto invernadero.

En todo momento, estas han sido razones poderosas en sí para poner fin a la era del petróleo.

Y una razón más poderosa aún: desde finales del siglo XIX se han peleado demasiadas guerras, demasiados millones han muerto y demasiadas regiones del mundo se han militarizado y desestabilizado, todo en pos del “oro negro”.

El énfasis de la administración Bush sobre el petróleo convierte a la política exterior estadounidense en rehén de una fuente de energía que es la equivocada. Ya es hora de corregir el error.




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